Cavalls del Vent: descubriendo el Cadí-Moixeró (Etapa 2)

La segunda etapa de la ruta nos llevó desde el refugio de Cortals de l’Ingla hasta el refugio de Gresolet, pasando por los refugios de Prat d’Aguiló y Lluis Estasen. Sabíamos que los casi 28 kilómetros de etapa, tras la etapa inicial en la que tardamos unas 9 horas en cubrirla, se nos iba a hacer un poco cuesta arriba (nunca mejor dicho…).

En esta etapa íbamos a subir hasta los 2400 metros para bajar después a poco más de 1200 metros. Una larga bajada de unos 12 kilómetros que nos llevaría hasta Gresolet. Esta etapa supuso unos 1420 metros de ascenso positivo, y sobre los 1780 metros negativos. Para los habituales a las rutas de trekking, ya sabeis los que supone bajar tanto rato de forma continua. Un suplicio para las rodillas y los cuadriceps.

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El primer refigio en el punto de mira es Prat d’Aguiló, situado a unos 2000 metros de altitud. La ruta empieza llaneando por una pista que se adentra en un bosque de abetos. Iremos subiendo hacia el Coll de Pendis. La subida es mantenida. Sigue y sigue subiendo hasta los 2200 metros, casi llegando al “Pas del Bou”, donde empezaremos a descender por una tartera en zig-zag. Aquí nos encontramos con dos chicas con las que volveriamos a coincidir un poco más adelante. La tartera se baja bien. Es fácil, pero molesta, ya que tienes que ir frenando con rodillas, cuadriceps y con los palos.

Al final, llegamos al refugio de Prat d’Aguiló con unas 4 horas y 20 minutos de ruta. Como era más o menos mediodía, decidimos comer algo en el refugio. Una torrada de tortilla francesa y una Coca-Cola que nos daría fuerzas para la subida hasta el Pas dels Gosolans, situado a 2400 metros, el punto más alto de la etapa. Supone una subida de unos 2,5 kilómetros en los que subiremos unos 500 metros. Una larga subida haciendo zig-zag que nos llevó aproximadamente 1 hora. Es una pasada… Tal vez la más dura de toda la ruta. Pero las vistas mientras vas subiendo, y ver como el refugio se va alejando son una maravilla.

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Desde el Pas del Gosolans el camino llanea. Allí nos volvimos a encontrar a las chicas que habían subido hasta allí pasando por el Comabona, ahorrándose así la subida fuerte desde Prat d’Aguiló. Este tramo transcurre por una amplia llanura, que se dirije a una pista que no dejaremos durante un buen rato, concretamente hasta unos 500 metros del refugio de Lluis Estasen.

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Allí, tras unos kilómetros bajando, nos llevamos la sorpresa de la ruta. Mientras estabamos descansando y comiendo algo, vimos que venía un chico corriendo. No podía ser otro que el morlaco Roger Perez, que sabía que pasaríamos por allí y que nos acompañó hasta el refugio de Gresolet. Bajamos la larga pista, avistando el parking de Gresolet. Al llegar a la altura del refugio de Lluis Estasen, solo quedaba subir unos 100 metros positivos para conseguir el sello del refugio. Coca-Cola con Roger y seguimos hasta Gresolet. Sólo nos quedaba la fuerte bajada hasta el refugio. Roger, que tenía el coche en el parking, se ofreció a acompañarnos a pesar de que luego tendría que volver a subir hasta el parking. LLevaba todo el día entrenando solo, pero no fue ningún problema para él. Es una bestia… ¡ Gracias amigo!

La bajada fue un horror. Si la pista anterior se me hizo cuesta arriba a pesar de ser precisamente bajada, esta fue tal vez el peor tramo que recuerdo de los tres días. 2 kilómetros de bajada en los que bajaríamos desde los 1675 metros hasta los 1260 metros. Poco más de 400 metros… Ufff… Llegué a decirle a Mire que no me liaría nunca más para otra ruta… Mis rodillas iban a explotar…

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Pero el premio fue llegar a lo más bajo… Porque pudimos meter los pies en un pequeño arroyo que estaba frío… por decir algo… ¡Estaba helado! Los pies dolían incluso… Imposible mantenerlos sumergidos más de 20 segundos… Solo nos quedaban unos 200 metros y fin! “Solo” fueron 10 horas de ruta… ¡Ahí es nada!

El refugio es brutal. Nada que ver con Cortals de l’Ingla. Rodeado de un jardin con cesped, con el ruido del arroyo a lo lejos, me podría haber quedado un par de días descansando y tomando el sol allí. ¡Y como cenamos! Lentejas… Sí, lentejas… Dos platos cada uno… y ensalada, y muslos de pollo al horno, y yogurt con cereales…

Pero lo mejor estaba por llegar… Todo el refugio para nosotros solos. Nadie más durmió con nosotros esa noche. Fue como dormir en casa, solo que a 2000 metros de altura.

Os dejo el enlace a la ruta en Wikiloc AQUÍ

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