Vuelvo al trabajo de comer y me llega una notificación al móvil de un suceso en Reus. Un conductor detenido después de atropellar mortalmente a una chica de 28 años y darse a la fuga en Tarragona. Por un momento ya casi ni me extraño. Lamentablemente pasa casi cada fin de semana, aunque en las noticias sea más importante quien se llevará el «balón de oro» o contra quien jugará el Barça en la Champions.
Pero a los pocos segundos pienso en plan esquemático y me vienen a la cabeza dos nombres de dos amigas que viven en Reus y que practican ciclismo de forma habitual. Con una de ellas consigo hablar, pero con la otra (son las 19:02 horas) no consigo hablar. Además de la fallecida, otra chica que iba con ella ha sido trasladada de urgencia en un helicóptero medicalizado al Hospital de Reus.

Es curioso, pero la sensación de miedo que tengo en el cuerpo es indescriptible. A ambas chicas las conozco precisamente de eso, de salir en bici. A ambas les encanta y Dios quiera que nunca les pase algo así. Pero lamentablemente, todos estamos expuestos a esta tragedia, a esta epidemia que son los atropellos en la carretera.
También es curioso que lo habitual sea que el autor del atropello acabe siendo siempre o un conductor bebido, o un conductor drogado (o ambas cosas), o que no tiene carnet o se lo han retirado, o una persona mayor, que en ese caso sí podríamos considerarlo un accidente, siempre que no tenga alguno de los puntos anteriores. Esta vez no tenía carnet.
Carnet no, pero sí la sangre fría de querer esconder el vehículo en otra población para «despistar». Vamos, que sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Se le imputan 4 delitos: conducción temeraria, homicidio imprudente, omisión de socorro y conducir sin carnet.

Cada fin de semana, al coger la bici, piensas si volverás a casa. Si volverás a ver a tu familia o amigos, o si alguno de los compañeros de grupeta no regresará. Pero nos gusta salir en bici. Es cierto que cada fin de semana también veremos algún ciclista que se salta un semáforo, que hace un giro imprudente o que hace alguna barbaridad. Los hay, no podemos decir que no. Ya somos mayorcitos y sabemos que si nos saltamos un semáforo, pueden atropellarnos… Así que si te lo saltas, tú sabrás.
Pero lo que no debería pasar es que si vamos circulando por la carretera, en paralelo, ocupando parte de la calzada tal y como el Código de Circulación de este país nos permite, venga algún «conductor» y nos arrolle por detrás, como les ha pasado a estas dos chicas.
Personalmente solo he tenido un par de sustos, pero amigos de grupeta si han tenido algún que otro incidente. Cada semana nos gritan, nos pitan, nos insultan nos pegan un volantazo para asustarnos o nos adelantan a menos del metro y medio de rigor. Pero no pasa nada. Ellos van en su coche y ni se enteran de si la turbulencia que genera su coche a esa velocidad nos tira al suelo o no. Tampoco ese camionero o conductor de furgoneta sabe si su retrovisor nos tocará la cabeza al adelantarnos de cerca.
La gente nos pregunta, «¿no es peligroso?» o nos dice «prefiero la mountain bike, que no hay coches…» Lamentablemente, días como hoy pienso que tal vez tengan razón…

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