Correr en Halloween… ¿Peligroso?

Juan salió a correr como lo hacía cada martes. A las 19:30 horas, quedaba con unos cuantos amigos en una plaza de la población donde vivía para correr unas dos horas por la montaña. Normalmente eran siempre 5 o 6, aunque algún día se habían llegado a juntar hasta 25 personas. Meritorio teniendo en cuenta que eran entrenos entre semana y la gente va más liada, además de que en invierno cuesta un poco más.

collserola

Pero a Juan no le molestaba el frío. Corría todo el año en pantalón corto, hiciera frío o calor. Tampoco le molestaban ni asustaban las historias que se habían escuchado las últimas semanas de desapariciones de gente que había salido a correr por la zona y que no había vuelto. Juan pensaba que era la típica leyenda urbana sin sentido. “Si eso hubiera pasado, lo habríamos visto en los periódicos y nadie ha dicho nada”.

Así que a las 19:30 estaba allí plantado, esperando al resto del team. Por lo menos habían confirmado la asistencia al evento que publicó en Facebook otros dos compañeros. Iba a ser un día de esos en los que son pocos. Pero aún siendo pocos, los entrenos siempre transcurrían entre risas y bromas. Pero no llegaba nadie. Ya habían pasado 10 minutos de la hora y allí nadie hacía acto de presencia. Así que Juan decidió entrenar solo. No le hacía gracia, no por nada, pero por si se torcía le tobillo o se hacía daño. Nunca corría con el móvil encima. Era peso extra.

Muntanya_de_Sant_Pere_Màrtir_-_Serra_de_Collserola

Hizo el recorrido habitual de los martes. Una “trialera” de unos cuatro kilómetros que llegaba hasta la carretera, para luego bajar durante otros dos kilómetros hasta el pantano. Después volvía a subir por una pista, cruzaba otra carretera y subía hasta la emisora, lo que suponía un magnifico test de su estado de forma. Luego otros dos kilómetros de bajada y ya estaba de nuevo en la plaza donde había empezado.

Cuando se metió en el corriol la luz de su frontal hizo un “extraño”. Las pilas no estaban en su mejor momento, pero como ya contaba con ello, llevaba tres pilas en el bolsillo de su pantalón para poder cambiarlas. Ahora nada podría estropear el entreno. Veía perfectamente todas y cada una de las piedras o raíces del camino, que tantas veces había recorrido. Casi se sabía de memoria que raíz, que piedra o que bache tocaba. ¿Podría hacerlo con los ojos cerrados o sin luz? Juan pensaba que sí. Pero lo que no dejaba de pensar era que el resto del team no había dado señales de que no irían o de que llegaban tarde. Cuando Miguel decía que iba, es que iba. Aunque lo condicionara a poder subir en moto y dejar el casco en el coche de alguien. Pero si decía que subía, es que subía.

jabali-collserola-barcelona

Oscar era otra historia. Era una incógnita total. No decía nada y aparecía. Era una bestia. Ultras, Ironman, bici… tocaba todos los palos. Su ritmo cansino y casi lento le hacía merecedor de su apodo “El Diesel”, ya que acababa las carreras o los entrenos al mismo ritmo que los había empezado.

Entonces Juan escucho un ruido. Algo totalmente normal en aquella zona. ¿Un ronquido? ¿Un ruido? El parque natural por donde entrenaban era territorio de jabalíes. Lo extraño era no ver alguna familia de vez en cuando. Grandes y pequeños, aparecían en cualquier punto del recorrido, incluso cerca de las casas que en algún tramo había. Continuó corriendo. Sin darse cuenta apretó un poco el ritmo. No estaba en su mejor momento de forma, pero ese aumento del ritmo era obra del aumento de adrenalina en su sangre.

¡¡¡CONTINUARÁ!!!

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