Montserrat: Sinónimo de sufrimiento

Montserrat… Quien la conoce sabe que es preciosa. Mi experiencia con ella no es buena, aunque he de decir que me ha dado momentos geniales también. Me ha hecho sufrir muchísimo, pero lo acaba compensando con esos momentos. Supongo que por eso, cuando escucho esas 10 letras, me tiemblan las piernas…
Su apariencia es inigualable. Cuando vas hacia ella hace incluso que te sientas pequeño. Sus formas, redondeadas y esbeltas, llaman la atención de propios y extraños, haciendo que más de uno se enamore de ella.

Esta misma mañana, mientras íbamos al punto de encuentro en El Bruc, iba por la autopista mirándola y no deja de impresionarme. Da igual el día que haga. Si hace sol y el cielo es raso todavía se ve mejor, pero si esta nublado, las nubes juegan con sus picos redondeados dándole más majestuosidad si cabe. Da igual las veces que la vea o que la mire. Es increíble.
Solo pensar en que allí arriba, esta el Monasterio de Montserrat, y pararse a pensar por un instante, lo que tuvo que suponer la construcción de esa obra a esa altura, da que pensar.

Yo subo desde hace años, y siempre por h o por b, no lo acabo de pasar bien. Recuerdo la mayor “pájara” que he sufrido en BTT. Fue justo volviendo del monasterio. Habíamos dejado los coches en el Bruc, y la ascensión no fue del todo dura. Lo que recuerdo de aquel día es que pensé incluso que hay más subida para bajar, que para subir.

Entrada a la plaza de Montserrat. No tengo ni idea de quien es la turista...
Entrada a la plaza de Montserrat. No tengo ni idea de quien es la turista…

Con el running más de lo mismo. Hoy era la segunda vez que subía. Algún otro Morlaco sube más a menudo, pero no es mi caso. La primera vez tardamos mas de 5 horas en hacer 18 kilómetros, aunque recuerdo aquella salida con mucha alegría. Ibamos Ivan, Manu, Pere, y Sensei. Nos perdimos, nos caímos, nos golpeamos, nos reímos, sufrimos, tuvimos que bajar con una cuerda por una roca para después tener que subir de nuevo al regresar… Trail running en estado puro. Me lo pasé genial a pesar del sufrimiento. Acababa de empezar a entrenar de nuevo, y mi forma física no era apta para aquella salida.

Hoy era diferente. Desde marzo estoy entrenando con una continuidad y con una constancia impropia de mi. Lo mejor de eso es que empiezo a notarlo en los entrenos y las carreras. Me siento bien, me siento fuerte (si lo comparo con lo que yo era…), aunque aún estoy muy lejos de las máquinas del team.
A pesar de ese entreno, de la perdida de peso corporal desde marzo (casi 10 kilos menos que subir por esos caminos…), “La Fuerza” hoy no estaba conmigo…
Tal vez por haber dormido poco esta noche (ayer celebrábamos la verbena de San Juan) o tal vez por la falta de descanso estos días (55km de bike el sábado y 12km de running ayer). El caso es que ni tenía unas ganas locas de correr, ni me veía con posibilidades de disfrutar del entreno.

Recuperando fuerzas antes de empezar... ¿a bajar?
Recuperando fuerzas antes de empezar… ¿a bajar?

Lo positivo era que una vez me había levantado, mi cuerpo se había puesto “en alerta” como a sabiendas de lo que se le venía encima. Al llegar Albert ha salido a recibirme. Detrás estaba su hijo Artur, con sus impresionantes cuádriceps forjados en mil partidos de fútbol y en mil salidas trail con nosotros. Al minuto llegaba Cesar, que ha debido caerse de la cama, porque llevaba por allí un buen rato al parecer.

A las 8:30 en punto hemos arrancado. Hacía frío, pero como los primeros 5 kilómetros son de subida, seguro que rápidamente entrábamos en calor. Como siempre la sensación en esos kilómetros muy mala… No acabo de arrancar, y me cuesta encontrar el ritmo.

La idea del entreno era dar la vuelta a toda la montaña de Montserrat (no dar una vuelta por Montserrat) y de ahí que no subiéramos muy arriba. Hay caminos que la bordean y la cruzan de punta a punta. Eso si, con constantes subidas y bajadas… Aquí es donde he disfrutado… ¡¡¡Como un niño!!!

Antes de llegar al monasterio hemos ido subiendo y bajando, pero en un par de bajadas bastante “técnicas” (eran básicamente piedras sueltas… los típicos cantos rodados de río…) pero con un desnivel y un trazado que permitían bajar a cierta velocidad. Normalmente dejamos a Cesar y Artur que se desmadren en estos caminos, pero me sentía ya con algo más de fuerza (para bajar tampoco hay que estar muy fuerte… ;-)) y he decidido intentar seguirles…

Morlacos meditando...
Morlacos meditando…

¡¡¡Que pasada!!! Ir detrás de estas dos bestias pardas a esas velocidades, por unas rieras en las que no tienes prácticamente tiempo de pensar donde tienes que poner el pie, sin poder mirar que hay alrededor tuyo, y sin saber que viene tras esa curva o ese arbusto, es una sensación que todos deberíamos probar… Digo probar… Les he aguantado el ritmo un buen tramo, pero he tenido dos sustos (uno bastante serio) y he decidido que también está bien bajar un poco más despacio… Eso si, reconozco que no olvidaré esos dos descensos, en los que solo les he seguido un rato, pero lo suficiente para sentirme trail runner y de los rápidos.

Para llegar al monasterio hay que subir… Eso lo tenía claro. Pero no esperaba que tanto. Encima, cuando estas arriba del todo, hay un mirador con barandilla desde donde se ve el monasterio y ¡¡SORPRESA!! ahora toca bajar unos 200 metros de desnivel, y esta vez por unas escaleras en las que no hay dos peldaños o escalones iguales. Artur delante y yo detrás… Como almas que lleva el diablo… Hemos bajado en algún tramo de dos en dos esos escalones, jugándonos en alguna curva el físico, y asustando a algún pobre visitante… Sobre todo una familia… ¿verdad Artur? jajajaja.

Desde el monasterio solo quedaba bajar de nuevo a El Bruc, o eso era lo que yo pensaba… Tramos de subida larguísimos, de bajada con las mismas piedras, de pista (en subida también), pero nunca llegábamos a los coches… Yo ya iba tocado muscular y mentalmente. Albert también, y diría que incluso Cesar, que esta semana se ha metido muchos kilómetros en las piernas.

Por fin hemos llegado… Al final nos han salido 27 kilómetros, con 1283 metros de desnivel positivo, y en un tiempo de 4 horas 54 minutos… Y con un calor de morirse… He sufrido mucho… pero al final compensa… Un amigo mío dice siempre que “No pain, no gain…”
Como siempre, Montserrat me ha dado lo mejor y lo peor del running. Pero seguro que volveré…

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