Llega el verano, empiezan las vacaciones y aparece una duda que todos los corredores hemos tenido alguna vez: ¿debería seguir entrenando o aprovechar para descansar?
La respuesta es mucho más sencilla de lo que parece: las vacaciones también forman parte del entrenamiento.
Durante el resto del año acumulamos kilómetros, madrugones, tiradas largas, series y carreras. El cuerpo trabaja, pero la cabeza también. Por eso, unos días de desconexión pueden convertirse en el mejor entrenamiento de toda la temporada.
Eso no significa olvidarte completamente de las zapatillas.
Si estás en la playa, aprovecha el paseo marítimo a primera hora de la mañana, cuando todavía hace fresco. Si has elegido la montaña, cambia el asfalto por los senderos y disfruta del paisaje. Y si visitas una ciudad nueva, salir a correr es una de las mejores formas de descubrirla antes de que empiece el bullicio.

Pero hay una condición: deja el reloj en un segundo plano.
No hace falta mirar el ritmo cada pocos metros ni obsesionarse con mantener los mismos entrenamientos de casa. Corre por sensaciones, disfruta del recorrido y deja que el cuerpo marque el ritmo. Y si un día prefieres dormir un poco más, ir a la playa con la familia o sentarte tranquilamente en una terraza… tampoco pasa nada.
No vas a perder todo lo que has conseguido durante meses por descansar unos días.
De hecho, muchos corredores vuelven de vacaciones con mejores sensaciones porque han recuperado energía física y mental. El descanso ayuda a prevenir lesiones, reduce la fatiga acumulada y hace que la motivación vuelva cuando retomamos la rutina.
Al final, correr debería seguir siendo una forma de disfrutar, no una obligación que nos persiga incluso cuando estamos de vacaciones.

Así que este verano haz un pequeño pacto contigo mismo: corre cuando te apetezca, hidrátate bien, evita las horas de más calor y aprovecha para descubrir nuevos lugares a tu ritmo.
Las carreras seguirán esperándote en septiembre.
Los amaneceres junto al mar, ese sendero entre montañas o el desayuno sin prisas después de un trote tranquilo… esos momentos son los que realmente permanecen en la memoria.
Porque el running no siempre consiste en sumar kilómetros. A veces, consiste simplemente en recordar por qué empezaste a correr.
¿Y tú? ¿Eres de los que no perdona un entrenamiento ni en vacaciones o prefieres aprovechar esos días para recargar pilas? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios. Seguro que más de un corredor se siente identificado.

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