“UNBOXING” Mercedes Marco Polo

Sí, habéis leído bien. UNBOXING de una furgoneta. Y nada menos que la espectacular Mercedes Marco Polo, la misma que tiene Kilian Jornet y la misma con la que Pau Capell se fue a Chamonix el fin de semana de la Ultra Trail del Montblanc, que ganó. Así que ¡PROBAMOS LA MERCEDES MARCO POLO!

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El pasado fin de semana hice una cosa que tenía muchas ganas de hacer desde hace tiempo… Irme a pasar un fin de semana en una furgo camperizada. ¿Y qué mejor elección que la misma furgo que tiene Kilian? Si a él le va bien, imagínate a mí, que soy un matao… La Mercedes Marco Polo fue la elección perfecta. Bueno, tal vez no, porque ahora no quiero otra…

Así que tuve la suerte de que mi mujer me regalase el alquiler de un fin de semana de escapada “camper” al Congost de Mont-Rebei y se presentase en casa con la super furgo. ¿Super furgo? Me quedo corto. Era un puñetero avión. Luces, botones, alarmas, sensores… Todo electrónico en plan nave espacial. La pantalla del sistema de navegación era más grande que mi iPad…

Cuando la vi, tuve claro que me iba a gustar… Y al entrar en ella pensé que nunca más querría otro vehículo en mi vida. ¡Que gozada! ¿Sabéis ese olor característico de los asientos de piel? Imaginad un coche nuevo, con cocina, armarios, iluminación ambiental, habitación a dos alturas…

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Al sentarme en el asiento del conductor tras echar una mirada rápida a la parte trasera de la furgoneta, intenté familiarizarme con los mandos típicos de cualquier vehículo: intermitentes, limpia parabrisas, luces, elevalunas, retrovisores… Evidentemente, tuve que regular estos últimos. Toque algún botón más de la cuenta hasta que encontré el adecuado, pero lo conseguí en pocos minutos.

El cambio era automático, algo brusco para un vehículo de esta categoría, pero vamos… No seré yo el que le ponga pegas… Lo que sí me preocupaba en los primeros kilómetros era el calor… El climatizador estaba a 22 grados, pero yo empezaba a achicharrarme…

– Mire, ¿tú no tienes calor?
– Yo estoy bien.
– Ok, ok… No sé… Me muero de calor…- así que bajaba el climatizador al mínimo…

Al cabo de un rato, con el agobio de la lluvia, el tráfico de la A2, y el calor, reaccioné. ¿Por qué tengo tanto calor? ¿Por qué está tan localizado en mi espalda y mis posaderas? ¿Será que al buscar el regulador de los retrovisores he activado mi asiento calefactable? ¡Que torpe por favor! ¿Cómo no iba a tener calor? En fin… Maldito novato…

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El navegador es de lujo… En esa pantalla cualquier búsqueda es sencilla y equivocarte en la ruta es prácticamente imposible. Además de avisarte también de los radares, el sistema de navegación “lee” las señales de tráfico y te las muestra en el cuentaquilómetros frontal. Vamos, una pasada. También tenía “avisador de cambio de carril”, limitador de velocidad y posibilidad de cambio secuencial, con una palanca a cada lado del volante.

Lo del navegador lo comentaba porque el “gracioso” que llevó esa furgo antes que nosotros, seleccionó la opción “Sin autovías ni peajes” con lo que si nos descuidamos, damos una vuelta de casi 70kms más de la ruta normal… Y recordad que caían chuzos de punta…

Los que saben de esto de dormir en furgo, tienen una máxima: no llegar de noche donde vas a dormir. Así evitas parar donde no debes. Nosotros nos saltamos esa norma… No solo llegamos de noche. Lo hicimos lloviendo, con niebla que no dejaba ver más allá de 5 metros, con un airazo que movía la furgo entera, y encima en una zona que se utiliza normalmente como base de salto para aficionados al ala delta… Vamos, que la caída al vacío debía ser chula…

Digo debía ser porque por la mañana no pudimos ver nada a causa de la lluvia, pero eso os lo explico luego… Que la noche es joven.

Como os comentaba antes, Mire fue a recoger la furgoneta a QUADIS, donde la había alquilado. Allí le explicaron como funcionaba todo, al menos en teoría… Sería como explicarle a alguien como funciona un BOEING 747 en 10 minutos… Seguramente no sabría ni cerrar la puerta de la cabina.

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Mire consiguió sacar la furgo de la planta -3 de QUADIS, sin llevarse la barrera y sin dejarse los laterales de la furgo en las paredes… ¡Y eso que era la primera vez que conducía con cambio automático!

Pero ahora poneros en situación. 22:40 horas del viernes. Llueve a cantaros. Llevamos unas 3 horas dentro de la furgo para llegar al punto donde habíamos pensado dormir. No hemos cenado todavía. Tengo pipi… Así que abro la puerta y siento el frío, al agua y el viento en mi cara. Bueno, en mi cara y en mis pies, porque he debido aparcar sobre un charco enorme o algo similar… Controlando la dirección del viento, y protegiéndome con la carrocería de la furgoneta, hago aguas menores y vuelvo bastante mojado. No pasa nada. Forma parte de la aventura.

– Mire, cielo, ¿cómo se sube el techo?
– Hay un botón en la consola de la calefacción, bajo los mandos. –dice Mire.
– Pues no lo veo…

Costó un rato localizarlo. No era un botón. Había que “buscar” en el menú, seleccionar, y “Abrir”. Aunque no se abre si más… Hay que hacerlo con el contacto en ON, pero no con el motor en marcha. Pero todo esto no se lo explicaron en QUADIS… Tuvimos que deducirlo entre alguna que otra crisis.

Pero bueno, no pasa nada.

– Giremos los asientos delanteros, que mira que hora es y así cenamos antes de preparar la cama para dormir.- Pero para girar los asientos (se giran 180 grados para los que puedas utilizar de silla para comer en la mesa), hay que abrir la puerta, así que otra vez mojado… (y congelado). Pero al fin cenamos. “Casi” como en casa.

Tras la cena fría a base de tortilla de patata, pan con tomate y una ensalada preparada en casa, nos dispusimos a preparar la cama. Luego amplío la info de la cocina, que tampoco resulto tan sencillo.

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Para preparar la cama, lo primero, “jugar un poco al Tetris” con las mochilas y paquetes. Aprovechando el hueco de la cama de arriba, lo pusimos todo allí, ya que pensábamos dormir abajo. Arriba, hace un frio de mil demonios… De hecho, solo por tener levantado el techo, ya se notaba el frío también en la parte de abajo. Además de las mochilas, pusimos arriba los bártulos de la cocina que los chicos de QUADIS dejan en un par de cajas de plástico.

– Vamos cielo, tumbemos los asientos.
– ¿No tendremos que mover primero la fila de asientos hacia delante?
– Pues no lo sé. Probemos….
Ruuuuuuuummmm, ¡CLACK!
– Cielo, así no bajan.
– ¡Espera! Prueba ahora.
– Tampoco. Tira más adelante. Ahora.

Finalmente conseguimos preparar la cama… Pero bueno, forma parte de la aventura.

Tras intentar ver un capítulo de Netflix en el iPad, decidimos dormir. Los nervios, el haber trabajado y la hora, nos estaban dejando KO. Así que fuera iPad, fuera luces y a dormir.

– Viduchi, ¿has cerrado la furgo?
– No. Voy. –contesto.

Cierro, me acuesto y me tapo con el nórdico que nos hemos llevado. De repente, me muevo en el sucedáneo de cama buscando la posición para dormir y comienza a sonar la alarma de la furgoneta…

FIIIIIUUUUUU, FIIIIUUUUUU, FIIIIIUUUUUU…

-Joder!!! Apaga eso Jose!!
¡BLIP, BLIP!
– Ya está… No sabía que tenía alarma.
– Ni yo.- dice Mire.

Apagamos de nuevo y al minuto, al darme la vuelta de nuevo…

FIIIIIUUUUUU, FIIIIUUUUUU, FIIIIIUUUUUU…
Total, que tuve que cerrar manualmente para poder dormir…

¿He dicho que llovía y hacía viento…? Tanto que la furgo se balanceaba con el techo levantado, con lo que tuvimos que sacar las mochilas, ponerlas en los asientos delanteros y bajar el techo. Entre la alarma, la lluvia contra los cristales y lo de bajar las mochilas y el techo, casi era las 0:30 horas… Es lo que tiene la falta de experiencia… Supongo, que forma parte de la aventura…

Tras una noche “movidita” en la que Mire dice que escuchó algún “oso” (yo creo que fueron mis ronquidos), finalmente amanece. La luz nos es problema en esta furgo. Todas las ventanas, excepto la delantera, tienen cortinillas que evitan que entre la luz. Así que si tienes sueño, la luz no evitará que duermas hasta tarde.

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Y con el amanecer, el cuerpo se despierta y con él su necesidad de evacuar los excesos. Vamos, que por la mañana, como un reloj, tocaba detectar la carencia más importante de la furgo: el WC.

Antes, la gente se llevaba al lavabo el periódico, una revista o, simplemente, leía las etiquetas de los botes de gel y champú. Después llegaron las consolas portátiles y finalmente los tablets y los móviles. ¿A quién no se le han dormido las piernas echando una partida a su juego favorito…? A mi me dio una temporada por jugar a Formula 1, y claro, en cada carrera había entrenos, clasificación y carrera… Más de una vez tuve que apoyarme porque mis piernas no respondían… Pues bien, con la furgo, en invierno, no te daría tiempo ni de leer una etiqueta de NADA… Nunca en la vida había ido al lavabo tan rápido.

La higiene es la gran ausente de estos vehículos, al menos en invierno. Diferente en verano, que cualquier lugar es bueno para lavarse, o que puedes acampar en un camping y ducharte allí. En invierno, tu mejor aliado son las toallitas húmedas y una botella de agua, además del desodorante. No os digo más.

Así que nos pusimos a desayunar. Bueno, corrijo. Nos pusimos a subir el techo, a recoger la cama, a volver a poner las mochilas en arriba, a recoger el nórdico, a poner los asientos en posición vertical… vamos, a hacer hueco para la mesa. Vuelta a girar el asiento delantero de nuevo, a abrir la puerta (al menos no llovía) y por fin a desayunar. Fue entonces cuando decidimos mirar el tema de la cocina, porque de momento, solo habíamos mirado que había cocina, fregadero y armarios varios.

– Cielucho, ¿te explicó el chico de QUADIS como se abré el gas?
– Me dijo que la llave está detrás, junto a la “ducha”.-contestó Mire.
– Voy a mirarlo. Así te calientas el café.-dije mientras me ponía la chaqueta y las zapas para salir a la calle.
Tres fríos minutos después, entraba en la furgo con cara de “no lo he encontrado”. Así que le tocó beberse el café con leche frío…

El sábado nos fuimos a hacer la ruta de trekking del Congost de Mont-Rebei. Hicimos unos 16kms con 500 metros de desnivel positivo con una temperatura perfecta para caminar. De todas formas, esto os lo contaré en otra entrada, que esta es para hablar de la Marco Polo.

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La experiencia de comer en la furgo tras la ruta estuvo guay. Como previsión, habíamos preparado ya pasta en casa por si las moscas, así que nos comimos un plato de pasta con atún y tomate SIN CALENTAR, para no probar la cocina. En cualquier caso, tras casi 4 horas de trekking, había mucho hambre, así que no había problema por comer frío.

Entonces llegó el momento de buscar un sitio para pasar la tarde-noche, cenar y dormir. AVISO A NAVEGANTES: No se puede parar a dormir en cualquier sitio. Hay poblaciones que prohíben expresamente pernoctar o que tienen sitios específicos para hacerlo. Nosotros, lo hicimos en Montañana, un pueblecito super chulo en Huesca, situado entre Tremp y Benabarre.

 

Allí preguntamos en la oficina de información si era posible dormir junto al río, tal y como nos había aconsejado el responsable del parking de La Masieta. El chico, super amable, nos confirmó que sí, además de explicarnos un poco la historia del pueblo, de enseñarnos un vídeo de las fiestas populares y de un buen rato de buena charla.

Al ser todavía de día, aproveché para echarle un buen ojo a todos los detalles que no había podido mirar bien de la maravillosa Marco Polo. La verdad es que quitando incluso la parte de poder dormir, como vehículo, es espectacular. La conducción es muy agradable, y te permite olvidarte de que vas en un vehículo de ese tamaño. Supongo que los casi 65.000€ que cuesta la versión que alquilamos, tienen que salir por algún sitio.

No voy a entrar en detalles de cómo cenamos, como dormimos, y demás durante la segunda noche… Sería un poco repetir la aventura de la noche anterior, solo que sin lluvia. Incluso la maldita alarma que volvió a hacer de las suyas. Pero que sepáis que existe un modo de “cierre” específico para cuando te quedas dentro de la Marco Polo sin que suene la alarma, pero ya era buscar en internet y en Montañana, si hay algo que les falta, es cobertura…

Volvimos a cometer el error de subir el techo, lo que nos llevó a tener que volver a bajarlo al poco de ponernos a dormir. Aprovechamos para salir a “hacer aguas menores”, contemplando el cielo más estrellado que podáis imaginar. Increíble. Nunca había visto tanta estrella… Fucking contaminación lumínica…

A media noche tuvimos que poner la calefacción estacionaria. Pero con la explicación que le dieron a Mire, o no supimos graduarla, o es que lo da todo o no da nada… Al rato tuvimos que apagarla porque nos cocíamos a fuego lento… En fin…

A nuestro lado había una auto caravana de tamaño medio. Una pareja de unos 60 años con la que coincidimos al día siguiente tomando un café antes de volver a Bcn. Pues a ellos también les sonó la alarma… jajajajaja.

El domingo, al amanecer, la furgo estaba congelada. Literalmente… El techo, los retrovisores, las manetas… Suerte que para abrir y cerrar la puerta lateral solo había que apretar un botón desde dentro y se abría y cerraba sola, al igual que la puerta trasera.

Ahora solo quedaba volver a Barcelona y devolver la furgo en Quadis. La verdad es que hubiese dado un rodeo importante solo por seguir en la nave espacial. También es cierto que se me pasaron las ganas de ese rodeo cuando llenamos el depósito de combustible. ¡¡Como gasta la h… a!!

Dicho todo esto, sigo pensando en que quiero una… Está claro que si te dejan, como a Kilian Jornet o Pau Capell, es mucho mejor, porque la inversión es importante. También es cierto que hay opciones más económicas, pero no son Marco Polo. Como dice el anuncio de Volkswagen, “Como un Golf, no es un Golf…”, pero dependiendo de la versión de Marco Polo que elijas, puedes bajar el precio hasta cerca de los 40.000€ aproximadamente.

La Marco Polo tiene mil cosas. Luces ambiente por todas partes, un montón de ayudas a la conducción, y la posibilidad de vivir aventuras en casi cualquier sitio. Sin duda para los más aventureros es una opción perfecta, siempre que tu “viduchi” no ronque como un oso… 😉

 

 

 

 

 

3 comentarios sobre ““UNBOXING” Mercedes Marco Polo

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