Últimamente estamos viendo llegadas agónicas en pruebas de atletismo en las que el corredor/a llegan al extremo de no poder cruzar la meta por su propio pie. Y evidentemente se genera el debate de nuevo. ¿Ser «finisher» de esta forma es lo correcto? ¿Debemos cruzar la meta aunque sea lo último que haremos en nuestras vidas? ¿No sería más correcto abandonar en el momento en que nuestro cuerpo dice basta?

La teoría dice que debemos entrenar para conseguir nuestros objetivos, pero personalmente, quien escribe estas lineas, considera que además de haberle perdido el respeto a las distancias de las pruebas, muchos corredores no llegan con el bagaje de kilómetros correcto o con el suficiente entrenamiento. Y lo dice alguien que se ha metido en berenjenales importantes para los que ha podido entrenar poco, pero siempre con el respeto adecuado. Hasta en 3 ocasiones me he quedado sin poder participar en la Ultra Pirineu por considerar que no estaba lo suficientemente preparado.

De todas formas, en ningún caso he llegado a cruzar la meta ayudado por nadie o con tal punto de extenuación que haya necesitado asistencia médica. ¿Debemos llegar a ese extremo? ¿No es más bonito llegar a meta y romper a llorar de alegría? O llorar por el logro y por las horas de esfuerzo que nos ha supuesto conseguirlo, pero sin poner en riesgo nuestra salud.
El año pasado, la última prueba de los mundiales de triatlon, todos la recordaremos por como los hermanos Brownlee cruzaron la meta. Jonathan se enfrentaba a la última recta del circuito exhausto, hasta tal punto que su hermano Alistair tenía que empujarle y apoyarle con su brazo por encima para que consiguiese llegar a cruzar la linea de meta. Los medios y la gran mayoría del público no solo elogiaban la acción sino que además tildaban de héroes a ambos hermanos. Para otros muchos, además de verse como ayuda externa, era una total falta de responsabilidad el «obligar» a alguien que no podía continuar por si solo.

Luego llegó Boston y su maratón. En esta prueba llegaron a coger en brazos a una corredora que no podía continuar a pocos metros de meta. De nuevo la opinión pública elogiando la actitud de la corredora y de los que la ayudaban. ¡Pues no! Esa corredora no ha cruzado la meta por su propio pie. No ha podido completar el recorrido del maratón porque su cuerpo no ha podido resistir los 42kms y 192m del circuito. Esa corredora no debería contar en la clasificación como «finisher».

Y hace solo 2 días volvió a suceder. El corredor David Wyeth no podía continuar otro corredor tuvo que ayudarlo durante unos 250 metros para que consiguiese llegar a meta. Otro acto aclamado en las redes sociales, aunque cada vez son más los que lo comparten o comentan como ejemplo de lo que no tiene que ser un final adecuado.
Estamos seguros (lamentablemente) de que no será la última vez que veremos un final así. Desde Siempre Corriendo queremos lanzar el mensaje de que no debemos jugarnos la salud hasta el punto de precisar ayuda para mantenernos en pie. No es de cajón ser finisher a cualquier precio. No aplaudamos estas acciones, porque no son nada épicas. Lo primero que debemos hacer es tener claras nuestras opciones y ser consecuentes con los objetivos que nos marcamos. A mi me gustaría hacer un Ironman por debajo de 10 horas pero sé que para mí forma física no es posible. Hay que ser realista y no dejarse llevar por los mensajes que nos dicen que no hay límites, porque el cuerpo nos dará una lección de realidad y nos demostrará que los límites sí existen.

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