Tal vez me he vuelto loco. Tal vez la droga del triatlón ya está tan mezclada con mi sangre que no tenga remedio. Tras un año dedicándome a hacer más bicicleta que otra cosa, y tras dos triatlones de media distancia y un olímpico “descafeinado” porque recortaron la distancia que teníamos que nadar, estoy convencido de que en este 2.015 voy a participar en el IRONMAN de Barcelona que se celebra en Octubre en Calella. Es una decisión bastante programada y meditada. Además, mi intención es hacerlo acompañado de una campaña de ayuda a la ASSOCIACIÓ ENCERT, con la que ya hemos colaborado desde el MORLACOS TEAM con motivo de la UTBCN de 2.013. Todavía he de darle forma a como lo haré, pero la intención es esa.
Los que me conocen saben que mi calendario pasaba por hacer un triatlon olímpico en 2.013, un half en 2.014 y el Ironman en 2.015. Tal vez no sea lo más adecuado y la lógica diga que debería preparar más mi cuerpo y sobre todo mi cabeza para afrontar una prueba de esta envergadura el año que viene. Tal vez. El caso es que me veo preparado (sobretodo mentalmente), para acabar un triatlón de larga distancia. Evidentemente no lo haré por debajo de las 10 horas como los que para mi son un ejemplo a seguir… Los ya coronados Guillermo Lladó, Jordi Matos, Cristina Prat, Iván Herruzo o Joan Tomas… pero en mi cabeza solo resuena una palabra: FINISHER. Lo que tampoco entra en mis planes es hacerlo en más de 15 horas. Ahí si que tengo claro que mi cabeza no podría hacer tirar a mi cuerpo tantas horas de carrera.
Si bien es cierto que la filosofía Ironman es acabar las tres disciplinas en un tiempo inferior a las 17 horas y que tanto el primer clasificado como el último reciben la ya famosa frase al cruzar la meta de “You are an Ironman”, no quiero hacer que mi cuerpo experimente esas horas extras. Sobre el papel todo es fácil… 1,5 horas nadando, 6 horas sobre la bicicleta y entre 4,5 y 5 horas corriendo (o mejor dicho trotando) para completar los 42 kilómetros del maratón. Pero todos los que corremos o practicamos triatlón sabemos que las matemáticas no existen. Bueno, si. Para los cracks que mencionábamos antes, que saben antes de entrar en el agua el tiempo que harán con una diferencia de segundos.

En mi cabeza resuenan nombres de amigos o conocidos que ya han probado las mieles del Ironman. Máquinas como Roger Perez, Juanlu Quero, Jose Esquinas, Delia Banus, Ricardo Garcia… gente menos “élite” que hacen que parezca fácil hacer esto. Tengo claro que no lo es. Pero también tengo claro que quiero hacerlo. No es nada nuevo. Llevo mucho tiempo diciendo que lo haré y creo que es el momento. Por delante tengo más de 13 meses para preparar a conciencia las tres disciplinas. Para variar, la asignatura pendiente es la natación, pero no hay que olvidar que 180 kilómetros de bici no son moco de pavo, y que después tendré que recorrer como pueda 42 kilómetros. Y mi miedo (que es real como la vida misma), es que hasta los cracks fallan. Hasta los cracks se encuentran mal en ocasiones. ¿Por qué no puede ser que me pase a mi?
Este domingo sin ir más lejos, en el Sailfish Half Triatlon de Berga, me desperté sin ganas de hacer nada. Esos días en los que te quieres quedar en la cama y no levantarte hasta las 11… Pero tocaba triatlón y eso fue más fuerte que las sabanas. Podría pasarme perfectamente el día del Ironman… Bufff… Levantarse sin ganas y tener que estar unas 13 horas sin parar… Eso es pasión…
Publicaré semanalmente un artículo sobre el entreno de esa semana, para que podáis comprobar en que punto me encuentro y si las cosas pintan bien o no. Espero que en poco más de un año este colgando una crónica de mi primer Iroman. ¿He dicho mi primer Ironman? Quería decir de mi Ironman… o tal vez no…

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