PUMA ha querido ofrecer a Siempre Corriendo la posibilidad de participar en una de las grandes pruebas del circuito nacional: la Maratón Zurich Barcelona. En esta exigente prueba con un importante nivel de participación, PUMA nos ha invitado a poner a prueba, en condiciones reales de competición, las nuevas Deviate NITRO™ Elite 4, el último lanzamiento de la marca enfocado al máximo rendimiento en larga distancia. Las Deviate NITRO™ Elite 4 están diseñadas para esos retos en los que cada segundo cuenta. La NITROFOAM™ ELITE mejorada ofrece una capacidad de respuesta de élite para una velocidad insuperable, mientras que la PWRPLATE rediseñada canaliza cada gramo de energía hacia delante. Las Deviate NITRO™ Elite 4, un 12% más ligeras que sus predecesoras, permiten mantener la ligereza, la rapidez y la concentración en el ritmo objetivo de cada corredor. A lo largo de los 42,195 km por las calles de Barcelona, PUMA ha querido analizar sensaciones, respuesta y eficiencia del modelo en un contexto de alta exigencia. Una experiencia que combina test de producto y competición al más alto nivel.

Esto empezó de la manera más simple posible: un amigo me preguntó si quería hacer la Zurich Marató de Barcelona. Le ofrecían un dorsal y había pensado en mí. Esto es algo que no se le puede hacer a un amigo runner… una maratón y en casa… difícil decir que no.

Después de meses entrenando, tiradas largas en solitario y series a horas intempestivas, llega la semana de carrera. Una carrera siempre empieza el lunes previo. Nervios, cargas de
carbohidratos y las lecturas los blogs de referencia que todavía ponen más nervioso de lo que ya estás. Pero cuando realmente se hace evidente todo es cuando vas a buscar el dorsal. La feria del corredor de una carrera grande, como la Zurich Marató de Barcelona, es como una tienda de juguetes para un niño, ¡te lo quieres comprar todo! La diferencia que hay es que un runner suele tener dinero que gastar, un niño no. Novedades, zapatillas, nutrición, electrónica, masajes… el único error que no puedes cometer es que te compres algo y lo estrenes el día de la carrera.

El día anterior es día de preparación, aparte de hacer los últimos km, muy suaves, para ver que todo está bien (spoiler, ese día te da la sensación de que nada lo está) y toca preparar la mochila. Revisar el plan de nutrición de la carrera, los geles, la ropa, las zapas (gracias PUMA por esta maravillas de zapas que son las Deviate NITRO™ Elite 4), colocar el dorsal e irte a la cama a una hora prudente para intentar dormir y descansar. Hay quien no lo consigue, y es lo más normal del mundo, entra dentro de la lógica.

Llega el domingo, el «Día D», el DOMINGO. Levantarte tres horas antes, desayunar lo que sabes que te funciona (en mi caso tostadas, jamón dulce, avena y un plátano) e ir hacia Barcelona (otro trámite para los que vivimos fuera de la gran ciudad).
Solo pisar la calle te conviertes en el señor del tiempo y en futurólogo para analizar si hará frio al mediodía y el viento que te puedes encontrar durante los 42 kilómetros y 192 metros.

Cuando ya estás cerca de línea de llegada, en esta ocasión es donde estaba el guardarropa, es cuando se hace evidente la magnitud de donde te has metido. Unos serios, concentrados y calentando a horas de la salida (vas a calentar y enfriarte tres veces con lo que queda). Otros nerviosos. Otros con algún outfit que pone los pelos de punta y no es por el frio.

Mi forma de afrontar la hora previa a un maratón, es poniéndole humor: después de dejar todo en el guardarropa y quedarte con la ropa elegida y un jersey viejo que dejarás en la línea de salida, yo me pongo un Podcast de humor para calentar. Te saca una sonrisa, te pasa el tiempo más rápido y te destensiona. El calentamiento solo sirve para ver si está todo en su sitio y, en este caso, acercarte a la salida.

Ahora sí que sí!! Ves la salida de lejos, entras en el cajón de salida que te toca, y escuchas una música que pone a tope!!: ¡»Barcelona» de Freddie Mercury y Montserrat Caballé! ¡Estás en la salida de la Zurich Marató de Barcelona! Y encima interpretado en directo (no por ellos…) Te dices que el trabajo está hecho, que el día de la maratón es la guinda del pastel y que solo toca disfrutar. También notas que te estas meando una barbaridad (ya lo haremos más tarde). Son los nervios…

Las principales calles de Barcelona solo para los corredores, para muchos una putada porque la cuidad se colapsa, para 32.000 personas, un privilegio.

9:30h de la mañana, nervios a flor de piel y pistoletazo de salida! Primera mini recta por Passeig de Gracia, giras en Gran Via y… viento bastante fuerte de cara, no pasa nada, veremos si esto es una constante o solo puntual. Primeros Kms y como siempre, se sale más rápido de lo que has pensado. Los primeros km son favorables, a parte de una pequeña subida en Marina, se hacen muy rápidos. Tengo que ir frenando porque estoy corriendo entre 15 y 20 segundos mas rápido por km de lo planeada y lo peor, me sigo meando. Los primeros 5km son eso, frenando y con la sensación de que no aguanto mas de 2 o 3 km con esa sensación en la vejiga.

Por fin veo un sitio habilitado para poder descargar justo antes del km 5, lo hago y aun
perdiendo ese tiempo, me salen los primeros 5km a 4:59 min /km. Pienso que o me regulo o reventaré.

Los siguientes parciales salen muy fáciles, manteniendo los ritmos que tenía pensado y las
sensaciones son muy buenas. Comiendo cuando toca, bebiendo en cada avituallamiento y
fluyendo. Hasta el kilómetro 14 todo va como la seda y tengo muy buenas sensaciones.

En el 14 la cosa se empieza a torcer. Hago un básquet a una papelera de una botella de agua que me habían dado en el 12.5, me tropiezo con una pilona, me tuerzo un tobillo y al suelo. Primer contratiempo. Los siguientes metros sirven para ver si esto va a ser un desliz o algo más serio. Veo que no, que los entrenos de propio sirven y el cuerpo se va recuperando rápido. Bien.

Pero la cosa no ha acabado y me empieza a doler la pierna derecha. Tiro, y me digo que se irá pasando, como lo del tobillo, pero es un dolor nuevo para mí y es un poco molesto. Limpio la cabeza y me centro en la cuidad y la gente, no en mi cuerpo y, momentáneamente funciona. Llego a la media maratón clavando los tiempos y la media me sale a 4:56 pero el dolor no solo no se va, sino que va aumentando poco a poco.

Bajar Paral·lel en lugar de subirlo es una gozada y lo disfruto como nunca. Durante unos kms me puedo olvidar del dolor y paso el km 25 con muy buenas sensaciones. La cosa se vuelve a torcer cuando voy por el litoral, el dolor vuelve y con fuerza, más a menos en el km 28. Pienso que es más de cabeza y sigo corriendo, pero mantener los ritmos, por primera vez en carrera, me cuesta horrores. Los kms van pasando lentos y empiezo a no disfrutar de estar corriendo.

La parte de subida la diagonal fue un debate entre pararme y abandonar o seguir. Cuando llegué al km 34 el dolor era insoportable y paré. Y lo hice de golpe. No podía ni andar. Me quedaban 9 km para acabar mi segunda maratón y me vine abajo.

Tenía la sensación de que era el día para poder bajar de la barrera de 3h 30min y la frustración fue importante. Saqué el móvil, cambié la música y abrí el Whatsapp para poder salir de mi cabeza. Leí mensajes de amigos que me estaban siguiendo y les escribí con lagrimas en los ojos de que tenía mucho dolor y que seguramente se había acabado. También hablé con mi familia, que estaba en la meta. Tanto los amigos como mi padre me llamaron para ver que pasaba realmente y hablar con ellos me tranquilizó. Mi padre me dijo que me venía a buscar pero que tardaba mucho y decidí empezar a andar y ver como reaccionaba. Sabía que tenía cintilla, técnicamente se llama síndrome de la cintilla iliotibial, y que no podía empeorar.

No pasa nada por abandonar una carrera y esta iba a ser mi primera vez. Es difícil de afrontar, pero tampoco tenía que demostrar nada a nadie. Pero soy un poco cabezón y no quería hacerlo sin antes intentarlo todo.

Empecé a andar para llegar al avituallamiento del km 35 y ver si podía ir al fisio porque correr era difícil. No encontré el fisio, pero si me mojé la pierna y se relajo todo, comí y lo intenté. Pude correr casi 2 kms a un ritmo muy bajo, pero podía correr y eso era mucho.

Llegué al km 37 y medio donde había un fisio y me paré. Me atendieron muy bien en la ambulancia y me pusieron frí o y una crema antiinflamatoria en la rodilla. Me costó arrancar y veía que acabaría andando, pero me hizo efecto y puede empezar a correr en el km 39. El ritmo era lento, pero corría. Quería acabar corriendo y poder vivir los últimos kms del circuito renovado de la maratón de Barcelona. El ambiente que se crea ya desde Marina es espectacular y una vez en la vida se tiene que vivir desde dentro. Mi padre me esperaba en el kilómetro 41 y mis hijas estaban en el 42, eso son dos de los principales motivos de seguir, de querer acabar este domingo. El dolor desapareció por unos momentos y pude disfrutar estos kms y el sufrimiento valió la pena.

Al final el tiempo fue lo de menos, puede acabar y disfrutar de la gran mayoría de la maratón de casa, y eso es por lo que entrenas. 4h 03min es solo un número que dice poco de todo lo que viví el domingo en Barcelona.

Es una experiencia que vale mucho la pena y que recomiendo a todo el mundo vivir al menos una vez en la vida. Con esto no estoy diciendo que la gente haga un maratón mañana o a la brava porque primero es peligroso, ya que pones el cuerpo al límite y no es un tema baladí. Segundo porque se perderían lo más importante de todo esto, que es el proceso; el domingo del maratón es la guinda del pastel pero el camino hasta llegar a esa día preparado es, sin duda, lo más bonito.

Me ha quedado la espinita de disfrutar de los 42k sin dolor y poder bajar de 3.30… ¿Nos vemos el año que viene?

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