Si eres corredor popular (de esos que madrugan los domingos para hacer kilómetros mientras el resto del mundo duerme) probablemente pienses que el GYM es ese sitio oscuro lleno de gente sudando y levantando cosas pesadas sin mucho sentido. Pero déjame decirte algo: el entrenamiento de fuerza puede ser tu nuevo mejor amigo. Y no, no vas a terminar como Hulk (a menos que quieras, claro).
Primero lo obvio: fortalecer músculos clave como glúteos, isquios y core te hace correr mejor. Mejor postura, menos fatiga y una zancada más eficiente. ¿Resultado? Menos dolores y más velocidad sin tener que venderle tu alma al diablo.

Segundo: prevención de lesiones. ¿Te suena la rodilla del corredor? ¿La cintilla? Son lesiones que a menudo vienen de desequilibrios musculares. Con unas cuantas sentadillas, zancadas y planchas bien hechas, puedes mantener a raya a esos fantasmas.
No necesitas vivir en el gym. Dos sesiones a la semana, 30 minutos, y listo. Puedes hacerlo en casa con mancuernas, con bandas elásticas o incluso con el peso de tu propio cuerpo. ¡Sin excusas!
Así que la próxima vez que te pongas las zapatillas, piensa en meter también algo de fuerza en tu plan. Tu cuerpo (y tus tiempos) te lo van a agradecer. Y oye… si después de unas sentadillas no puedes bajar escaleras sin parecer robot oxidado, ¡felicidades! Vas por buen camino.

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