Si corres, tarde o temprano vas a conocer el dolor. Puede ser ese pinchazo inesperado en el costado, el dolor en los músculos después de una sesión intensa o el clásico “¿por qué me metí en esto?” a mitad de una carrera. Pero, ¿cómo saber cuándo es parte del proceso y cuándo es una señal de alarma? Aquí es donde toca diferenciar entre el dolor que debes abrazar y el que debes respetar.
El running no es precisamente un paseo relajante (aunque algunos lo hagan parecer así). Al correr, sometemos nuestro cuerpo a esfuerzo, y es normal sentir incomodidad. Esa sensación de «quemazón» en las piernas cuando subes el ritmo o el cansancio después de un entrenamiento fuerte son signos de que tu cuerpo está adaptándose. En estos casos, el dolor es un compañero de viaje inevitable, como las agujetas cuando empiezas a correr, pero con descanso y recuperación acaba desapareciendo.

Sin embargo, hay dolores que no deberías ignorar. Si una molestia aparece de la nada, es intensa o persiste incluso cuando dejas de correr, es momento de prestarle atención. El típico “no pasa nada, seguro se me quita” puede ser el inicio de una lesión seria. El descanso inteligente y, si es necesario, una visita al fisio, pueden salvarte de semanas (o meses) sin correr.
En mi caso personal, fue una fascitis plantar la que me hizo estar en el dique seco durante meses. Al final, reposo, rehabilitación, ejercicios específicos y un cambio de zapas lo solucionaron. Eso sí, más de seis meses parado, con la sensación de pisar cristales cuando me levantaba de la cama.
También hay que tener en cuenta el umbral del dolor que tiene cada persona. Lo que para uno es solo una pequeña molestia, para otro puede ser insoportanble. Aprender a escuchar tu cuerpo es clave. No se trata de evitar todo tipo de molestia, sino de identificar cuándo seguir y cuándo hacer una pausa.
Así que sí, el dolor y el running tienen una relación complicada (como algunas parejas). A veces es señal de progreso, otras veces es una advertencia. La clave está en saber cuándo empujar un poco más y cuándo darle a tu cuerpo el respiro que necesita. Porque, al final, correr es un juego de resistencia, y estar sano es lo que te permitirá seguir sumando más kms.

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